domingo, 2 de abril de 2023

Sentencia

 En su alegato inicial, J pidió que se le absolviera de todos los asesinatos, pues cada vida humana es transitoria, y en la gran escala cósmica de las cosas era intrascendente el morir antes o después. La fiscal, con las manos en los bolsillos, sonrió e incluso levantó una ceja. No, dijo, y su voz retumbó en la sala. Si cada vida humana se repite eternamente, en ciclos infinitos e idénticos, está claro que el asesinato es un crimen monstruoso, y la condena habrá de ser atroz. Hubo aplausos. El abogado defensor se aclaró la garganta. Se rascaba el cuello mientras consultaba un matojo de folios grapados. Silencio. En realidad, señora fiscal, dijo con voz ronca, con las gafas casi a la altura de las fosas nasales, si cada vida se repite infinitamente, el tiempo total vivido es igual para un anciano nonagenario o para un adolescente ahorcado, pues infinitas veces una cantidad es siempre infinito. La fiscal tomó asiento con gesto de derrota, y el jurado no tardó en dar un veredicto. Así, J logró una importante reducción de condena que todos aplaudieron, si bien el problema de la linealidad o la repetición de las vidas no se dirimió ese día.

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